Editorial

Con la llegada (por fin) del calor, nuestros rutinarios planes de domingo se cam-bian por un día en la playa o en la piscina. Y como cada año, hace falta hacer hincapié en los mismos consejos que al fin y al cabo, solamente benefician a uno mismo. La falta de socorristas en algunas piscinas no tiene por qué influir en la falta del comportamiento de sus usuarios y es que de un año a otro, las prisas por ponernos morenos o la sensación de que no tenemos sed o hambre hace que se nos olviden algunas recomendaciones importantes, lo cual lleva a provocar según qué sustos. Es la época del año donde debemos poner especialmente los cinco sentidos en el cuidado de nosotros mismos y so-bretodo, en el caso de que seamos padres, en nuestros hijos, ya que por mucha tranquilidad que inspire un día en el agua, los peligros son muchos: Desde ahogarnos, tener un corte de digestión, sufrir una insolación o incluso, cáncer de piel.
La semana pasada un niño de seis años murió “ahogado” en la piscina municipal de Martorell. Finalmente la autopsia reveló que lo que le había provocado la muerte era la presencia de comida en las vías respiratorias, lo que le provocó una parada cardíaca. Sirviendo solamente este caso como ejemplo sin querer juzgar a nadie, en el supuesto caso de que sí se hubiese ahogado, los principales vigilantes deben ser los padres, quienes deben decidir si el niño se baña en la piscina pequeña o grande, con flotador o sin. El papel del socorrista en una piscina (o en la playa) seguirá siendo fundamental, pero siempre actuará como una persona que aconseja o que actúa cuando ha ocurrido algún incidente ya que su trabajo al fin y al cabo, es la de salvar vidas, pero nunca será un profesor o un policía.